Últimamente pienso seriamente en la necesidad que tengo de salirme de mis limitaciones de comportamiento. Me sucede porque yo no sé hacer esas cosas que están por fuera del campo que abarco. No sé de qué forma hacerlo y busco en el intelecto una forma general instintivamente, pero luego sabiendo que no hay forma determinada de hacerlo sino que yo misma debo crearla. Debo crearla porque mi forma de hacer las cosas debe ser mía. "Debo" porque quiero ser auténtica, digna y respetada.
Llegado este punto comienzo a pensar en los nuevos comportamientos que quiero adquirir en situaciones en las que tengo nula experiencia. Y claro, se trata de un campo totalmente desconocido de mi experiencia. Por supuesto que le temo, es evidente hasta para los ojos que no son míos.
Trato de verme a mí misma en un futuro, en esta inhibición y miedo a mi ser, y me angustio porque no puedo seguir creciendo con las limitaciones de siempre.
Tal vez en eso consiste mi rigidez, en no permitirme perder sin reprocharme intensa, constante y cruelmente.
Tal vez en eso consiste mi rigidez, en no permitirme perder sin reprocharme intensa, constante y cruelmente.
Entonces ahora comprendo que debo reconocerme como un ser humano siempre imperfecta y sé en qué consiste mi soberbia y mi creencia de ser perfecta y superior, eso que algunas personas especiales han visto en mí y me han dicho pero yo, sin negarlo y siempre teniéndolo en cuenta, no podía ver el dónde ni el cómo. No podía ver en qué aspectos yo soy así, desde qué óptica.
Cuando digo que "debo" es así porque es uno de los requisitos de aquello que quiero ser.
Es decir que todas aquellas "obligaciones" que me presento reflejan el ser que tengo como ideal, como próxima meta, lo que yo quiero ser.
¡Mis ideales denotan lo que yo quiero ser, a lo que yo aspiro! Más que evidente. Mis exigencias a mi misma delatan lo que yo quiero ser y, a la vez, cómo quiero estar según lo que puedo llegar a ser.
Me sucede que cuando fallo a una obligación propia me pongo mal, me bloqueo, me enfurezco conmigo misma, se detiene la respiración de mi alma, me ofusco, me entristezco, me angustio, siento tensión en mi cara, en mis mandíbulas, en mi cabeza pesada, aprieto los dientes y las manos que se me mueven solas en un temblor que me avergüenza porque no se trata de un movimiento directamente voluntario y porque me expone y me presenta como lo que soy, una persona rígida. Todo esto es lo que me pasa cuando no cumplo con una obligación propia porque entonces parezco deducir espontánea e instintivamente que nunca voy a ser lo que yo quiero, o que estoy muy lejos de serlo, o que simplemente no lo soy. CONTINUA...
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